Cuando se sube
las escaleras del subte, hay que apuntalar siempre hacia la derecha. Nosotros
los estéreos sabemos de esta costumbre, pero andá a decírselo a los monos. No
vas a ver a ningún estéreo romper esta máxima que si bien no está explícitamente
indicada en ninguna pared de la estación, ni en los zócalos de la propia
escalera, ¡vamos! es sentido común, deducible hasta para un nene con dientes de leche. Pero los monos no entienden
de cómo son las cosas. Ni las cosas más fáciles, más intuitivas, como por
ejemplo esto, que se debería apuntalar hacia la derecha al subir.
¿Que “por qué” a la derecha y no por el medio, o la izquierda? Me extraña que preguntes esto. ¿No serás vos un...? No, no. ¿Qué hace sino un mono leyendo a un estéreo? Sería absurdo.
Bueno, respondiendo a tu pregunta. Primero,
como se sabe, para todo, hasta para el “desorden” hay que tener una cuota de
orden. Y en este caso el orden es para formar un doble canal, o sentido, o “carril”,
como quieran decirle. Yo preferiría definirlas como espacios: uno para los que
salen de la estación, otro para los que entran. Ahora bien, si no está explícito
en cartel alguno esta necesidad de orden, ¿como se conforma el consenso entre
los que salen y los que entran? El carácter efímero de la problemática y la
necesidad de agilizar el trámite, requiere de un consenso también rápido, ya no
tan democrático, sino más bien intuitivo e improvisado. Uno debe decidir sobre
el otro; el poder de decisión no es compartido, pero se legitima apelando a la urgencia. ¿Quién
tiene más urgencia, los que suben o los que bajan? ¡Por supuesto los que suben!
Porque subir es finalizar el viaje, llegar a destino: los que bajan, recién
comienzan el viaje. Aquellos entonces tienen más derecho que éstos a la hora de
decidir a marcar el primer paso. Todos los estéreos sabemos esto, y coincidentemente casi todos los
estéreos escribimos con la diestra. Nuestra intuición está
entonces sincronizada socialmente y las cosas así marchan bien.
Los estéreos
que escriben con la mano izquierda no son problema, porque esencialmente son
estéreos. A veces en medio del camino tienen un momento de duda, no saben por
donde ir, si hacia la derecha o la izquierda, pero se resuelven por sí solos. El problema son los monos, que si bien gracias a Dios son muy
pocos, sí son suficientes para estropearnos el día con su torpeza, su desfachatez
natural. Por momentos dan la impresión que no son tontos, que parecieran en cambio estar
dotados de un sentido del humor bastante malicioso, que tienen
simplemente ganas de jorobar. Cuando suben, van por la izquierda, y cuando
bajan, también. Los monos son contreras solamente para ver qué pasa cuando
infringen las normas, las reglas, el sentido común. Quieren ver qué pasa,
porque no lo saben, algo que los estéreos sí sabemos. A pesar del intento, el mar no se va a
contaminar por una gotita de barro.
Jesús Predmesnik
No hay comentarios:
Publicar un comentario