sábado, 22 de octubre de 2011

Metáforas de auxilio


Citado en la esquina de Corrientes y Florida de las diez de la noche, para ver algo en el cine y quizás algo más. Espero su presencia, como el que espera ver a Dios en la plegaria. Pero no rezo, no es a Dios quien espero. No seas egocéntrico, Todopoderoso. Sólo espero, y disfruto mientras del paisaje:
Una esquina que muestra cara distinta y sosegada, a la careta rabiosa que muestra durante el día. Arriba, las frías hermanastras de Cenicienta no están, solo una brillante hamburguesa plana pero gigante, y zapatillas de mismas dimensiones: promesas de mercaderes sobre la dicha eterna, al alcance de unos mangos. Abajo, hormigas perdidas, solitarias, sin una línea de marcha demasiado clara. Algunas de fina gabardina, otras descalzas. Lo que se ve huele a clandestino, heterodoxia, pero no hay nada fuera de lo común. Se escuchan fuertes olores de caño de escape, cartón y cloacas, entre débiles perfumes de trescientos para arriba. Se ven pasos apurados pero pocos, y muchos ronquidos en los peldaños de locales.

Pobre gente.


La ciudad, aquí, ahora, como una puerta que se cierra. Ciertamente, los locales están cerrándose. Una hormiga perdida con gorra me pide la hora, un cigarro, una moneda, dos. Sus patas superiores están en sus bolsillos donde parece esconder su argumento. Me convence, accedo y sigue su enrancio camino. 

Pobre gente. Qué tristeza.

Sigo esperando esta vez como alguien que espera la llegada del mozo a la mesa. Mozo que, atiendiendo a otros clientes,  pareciera negarse a mirarme los ojos, como si no estuviese yo aquí. El hambre se me está yendo.
Arriba, entre las promesas aparecen las palomas, gargolitas que gotean heces. Abajo, las mismas hormigas, más desalineadas, media hora antes de las once. Por la ancha avenida hacia el "bajo" van algunas, llevando sus destartalados changuitos a cuestas, pero otras van sobre grandes Ferraris y Porsches.

La frescura parece estar secretamente prohibida, lo que explicaría la eterna espera, no la mía, sino de la esquina.

Sofoca la perversidad de los contrastes, la soledad consecuente. Durante el día, la oscuridad son pequeñas sombras; durante la noche, la luz son pequeñas sombras. Este lugar asfixia todo el tiempo; en invierno emana calor de axila enpuloverizada, y fuego de infierno los veranos. Parece acercarse otra hormiga perdida...

Sigo esperándote pero no sé ya por qué te espero. Quizás no te estoy esperando, sino te busco sentado ¿Para ir al cine? Con todo lo que estoy viendo en esta esquina... ¿Para luego hacer el  amor?... ¿con qué ganas? quizás no te busco sentado, ahora quizás estoy decidiéndome si llamarte para ya no vernos... 

La hormiga solo me mira furiosa, y se va...

...hay mucho por hacer antes de festejar algo...

La ciudad, aquí, ahora, como una puerta perezosa que se vuelve a abrir. Un escape de luz; nunca es tarde cuando la espera todavía vive. Si alguien abrió la puerta, es que alguien va a entrar. Sigue la luz desparramándose por la esquina, y desde Florida una figura hermosa que se parece a la que espero. No, no, no es una figura metafórica: es ella y su sonrisa. ¡Sí, ella y no otra! tan hermosa como... 

...ella misma.

Jesús Predmesnik

1 comentario:

  1. Si el antropocéntrico omnipotente, de verdad entendiera las señales, estaría haciendo algo para responderles, para que no tengan razón de existir. Pero los escritores, en una mala copia de dios, dictan sus propias leyes : somos también pobre gente.
    Ser objetivo al escribir, es como caminar con un solo pie : queda media huella.
    Sé que podés mucho más, "te tienen" otros de tus cuentos; este "te entretiene".

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