Citado en la
esquina de Corrientes y Florida de las diez de la noche, para ver algo en el
cine y quizás algo más. Espero su presencia, como el que espera ver a Dios en
la plegaria. Pero no rezo, no es a Dios quien espero. No seas egocéntrico, Todopoderoso. Sólo espero, y disfruto mientras del paisaje:
Una
esquina que muestra cara distinta y sosegada, a la careta rabiosa que muestra
durante el día. Arriba, las frías hermanastras de Cenicienta no están, solo una
brillante hamburguesa plana pero gigante, y zapatillas de mismas dimensiones:
promesas de mercaderes sobre la dicha eterna, al alcance de unos mangos. Abajo,
hormigas perdidas, solitarias, sin una línea de marcha demasiado clara. Algunas
de fina gabardina, otras descalzas. Lo que se ve huele a clandestino,
heterodoxia, pero no hay nada fuera de lo común. Se escuchan fuertes olores de
caño de escape, cartón y cloacas, entre débiles perfumes de trescientos para arriba. Se ven pasos
apurados pero pocos, y muchos ronquidos en los peldaños de locales.
Pobre
gente.
La ciudad,
aquí, ahora, como una puerta que se cierra. Ciertamente, los locales están
cerrándose. Una hormiga perdida con gorra me pide la hora, un cigarro, una
moneda, dos. Sus patas superiores están en sus bolsillos donde parece esconder su
argumento. Me convence, accedo y sigue su enrancio camino.
Pobre
gente. Qué tristeza.
Sigo
esperando esta vez como alguien que espera la llegada del mozo a la mesa. Mozo
que, atiendiendo a otros clientes, pareciera negarse a mirarme los ojos, como si no estuviese yo aquí. El
hambre se me está yendo.
Arriba,
entre las promesas aparecen las palomas, gargolitas que gotean heces. Abajo, las
mismas hormigas, más desalineadas, media hora antes de las once. Por la ancha avenida hacia el "bajo" van algunas,
llevando sus destartalados changuitos a cuestas, pero otras van sobre grandes Ferraris y Porsches.
La
frescura parece estar secretamente prohibida, lo que explicaría la eterna
espera, no la mía, sino de la esquina.
Sofoca la perversidad de los contrastes, la soledad consecuente. Durante el día, la oscuridad son
pequeñas sombras; durante la noche, la luz son pequeñas sombras. Este lugar
asfixia todo el tiempo; en invierno emana calor de axila enpuloverizada, y
fuego de infierno los veranos. Parece acercarse otra hormiga perdida...
Sigo
esperándote pero no sé ya por qué te espero. Quizás no te estoy esperando, sino te busco sentado ¿Para ir al cine? Con todo lo que estoy viendo en esta
esquina... ¿Para luego hacer el
amor?... ¿con qué ganas? quizás no te busco sentado, ahora
quizás estoy decidiéndome si llamarte para ya no vernos...
La hormiga
solo me mira furiosa, y se va...
...hay mucho por hacer antes de festejar algo...
La ciudad,
aquí, ahora, como una puerta perezosa que se vuelve a abrir. Un escape de luz; nunca es tarde
cuando la espera todavía vive. Si alguien abrió la puerta, es que alguien va a entrar. Sigue la luz desparramándose por la esquina, y desde Florida una figura hermosa que se
parece a la que espero. No, no, no es una figura metafórica: es ella y su sonrisa. ¡Sí, ella y no otra! tan hermosa
como...
Jesús Predmesnik
Si el antropocéntrico omnipotente, de verdad entendiera las señales, estaría haciendo algo para responderles, para que no tengan razón de existir. Pero los escritores, en una mala copia de dios, dictan sus propias leyes : somos también pobre gente.
ResponderEliminarSer objetivo al escribir, es como caminar con un solo pie : queda media huella.
Sé que podés mucho más, "te tienen" otros de tus cuentos; este "te entretiene".