Tengo tantos recuerdos tuyos, pero
todavía no sos recuerdo, no te fuiste por completo; todavía estás acá conmigo,
mientras vemos tu vieja foto, colgada en la pared del comedor. Esa, la que estás media
de perfil, con un delantal blancuzco de cocina, y una sonrisa que era a prueba
de disgustos, ¡si no los habrás tenido, si no te los habremos causado!.
La verdad, que no te recuerdo seria,
sí por momentos triste, pero tenías la mala costumbre de guardarte el llanto, como si llorar
y patalear hubieras comprobado que no sirve de nada en nuestra familia, que era
inútil hacerse mala sangre y que había que trabajar para que las cosas cuando
tengan que terminar, terminaran al menos dignamente.Y a mal tiempo, ¡buena cara!
En esa foto, también, estás
sosteniendo con tus gruesas pero
tiernas manos, a tu nieta, mi prima. Tan chiquita, inocente era, ahí con su
babero... ¡se parecía tanto a vos!
Es curioso lo que significa ahora
esta foto; tu delantal de cocina, me da cuenta que eras capaz de transformar la
comida en amor puro... recuerdo cómo nos comíamos tu amor que servías, y
nosotros apenas te dábamos las “gracias”.
Y esta foto, que tenés en brazos a mi prima, indica otra cosa:
que tu sentido fue sostener, a la familia, a tus cercanos, por sobre todas las
cosas. No había tiempo en tu vida, para tu vida...
Por eso, estamos totalmente perdidos,
sin vos... hasta nos hemos mordido entre nosotros, abuela, con una rabia
inconcebible. Siento que cada vez nos alejamos más y más... y estoy comprendiendo
que, en realidad, abuela, vos nunca te fuiste. Acá, los que se fueron, fuimos
nosotros. Lo peor, es que somos conciente de ello, mientras te extrañamos.
El escritor escribe con la guardia baja; no ha querido deslumbrar y conmueve más. Me gustó el cuento.
ResponderEliminar