lunes, 18 de junio de 2012

Gol en contra


Finaliza el primer tiempo del partido Boca y Fluminense. El padre se levanta y sale al balcón a fumar de los nervios; la madre va a la cocina con la pava y el mate para preparar una segunda ronda; la hija menor se encierra al cuarto declarando que va a revisar los mails, y el hijo mayor camina ligero hacia el baño.
El primero en volver es el padre, emanando una baranda de pucho terrible por todo el living, como si hubiese fumado medio paquete. “¡Ya empieza!” grita ronco, y van volviendo, primero la madre con el mate ya preparado, la hija menor regresa minutos después. Desde el baño oyen  un “ahí voy” del hijo, que parece estar “en medio de un dificultoso trámite fisiológico” como señala jocosamente el padre. El segundo tiempo inicia.
Se lavó enseguida el mate, a los treinta y quince minutos, y esto al padre lo distrae de su concentración ardua del partido que la iban ganando los brasileños, y por salirse de órbita futbolera, repara que todavía su hijo aún no salía del baño.
-¡¿Estás bien?!-... no contesta.
-Dejalo, debe estar constipado- le dice su esposa.
-Y, con los mates que hacés… como no estarlo. ¡Por culpa tuya se está perdiendo el partido!- Responde, levantándose del sofá y resoplando.
Golpea levemente la puerta del baño, inclina acercando su boca cubierta de bigote:
-Hijo, ¿estás bien?
-Eh, sí, ya voy.
-Hace media hora que estás encerrado.
-Estoy descompuesto, nada más…
-Ah, entonces no estás bien… ¿Por qué le mentís a tu padre? Hijo, ¿qué fue ese ruido? ¿Qué estás haciendo?
-Nada, viejo.
-Nada no, estás ocultando algo.Y justo en el baño lo venís a ocultar...
-Por favor, ¡Dejame cagar en paz!
-A mí, con ese verso, no ¿Qué estás…?- entra al baño irrumpiendo y de pronto, lo ve. Sus ojos calientes se dilatan como si fueran de mercurio, y en su cara de piedra, terribles surcos de amargura y consternación.
-Puedo explicarlo todo, papá- dice el hijo mayor, sorprendido, en su secreto más aberrante.
-No puede ser, mi hijo… se volvió puto… ¡Dame eso!
- ¡No, papá! ¡Es mío!
-¡Qué va a ser tuyo! ¡Qué mierda hacés con esto! ¡Dameló!
Forcejeo violento, cacheteada, el padre logra quitárselo y su hijo quiebra en llanto espasmódico.
-¡Andá, andá a mirar el partido, carajo!- Rápido, su hijo cumple el imperativo, con temor de otra represalia más, secandosé las lágrimas.
-¿Qué hacía leyendo… "así habló Zaratustra", de Fri-ed no sé cuanto? ¿No le gusta más el fútbol? ¿Se volvió gay?- Lleno de indignación, de cólera, traicionado por su propio hijo, va destrozando hoja por hoja el libro. De pronto, oye un grito de coro, un “gol” prolongado, xeneize. ¿Quién fue el que anotó? No lo podía saber, solo alegrarse porque significa esto el empate, y la puerta a semifinales de la Libertadores, a tan pocos segundos de concluir. Sin embargo, el padre no distingue la voz de su hijo integrándose al feliz clamor, y la alegría se le fue por el inodoro junto las rotas hojas que había arrojado. Confirmando sus sospechas, termina entonces en la cocina, reduciendo a cenizas lo que queda del libro hereje. Su hijo, como si hubiese leído la mente del padre, responde al fin, desde el living, “¡Papá! ¡Yo sí amo a mi ocaso!”.

Jesús Predmesnik
Historias de mercado y fanatismo.

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