martes, 12 de marzo de 2013

Todos y todas, celeste rosado. (Mini ensayo 2010)



“El nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de 'rosa' está la rosa,
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’”
Jorge Luis Borges[1]

            Casi como si se tratara de una melodía determinada, que induce el vibrar de esas cuerdas profundas de la memoria, y hace emerger de la nada un recuerdo olvidado... no exagero; algo así me ocurre a veces cuando oigo ciertas palabras, que me conducen más allá de su significado. Es evidente que se resignifican mientras la historia las va enunciando, y que pronunciarlas de nuevo es un evocar o connotar momentos, lugares, que no necesariamente son de la propia experiencia. En constancia se construyen palabras que indican historia, y ahora, una en particular está poco a poco relabrándose su contenido. Esa expresión es, me parece a mí, la que dicen “todos y todas” en lugar de “todos”[2]. Elijo hablar de esto porque, en primer lugar, no ha dejado de provocarme una sensación de cierta “extrañeza” lingüística; y en segundo lugar, a veces me remite a un rostro en especial, una cara que está ahí elevada sobre otras miles uniformes, y su voz que se inclina, expande y se cuela en los oídos de todos los argentinos (y argentinas, como gusta agregar ella); una figura, una mujer muy importante para nosotros (y nosotras), por más que a muchos no les agrade tal cosa. “Todos y todas” me remite, efectivamente, a Cristina Fernández de Kirchner, nuestra actual presidenta de la Nación.
Debo aclarar que esto no me ocurre gracias a una “fascinación” por su persona (¡mala plaza enamorarse de las lejanas!). Se puede aprender a salivar involuntariamente algunos recuerdos cual perro de Pablov; así es cómo Cristina me ha enseñado recordarla, a fuerza de repetición, cada vez que oigo o leo alguien decir “todos y todas”[3], haciéndome establecer en sus labios políticos el origen y el sentido de la frase[4]. Estoy seguro de que a más de uno le pasa semejante cosa; si me ocurre a mí, quien tiene no pocas reservas contra su gestión y su partido, ¡me imagino a los que la adoran, la aman, la “protegen”!.
Empezando por la primera impresión; dije que causa una “extrañeza”, ¿está bien dicho “todos y todas”?. La lengua española, con sus morfemas clásicos (-a,-o), marca en sustantivos y adjetivos dos géneros (lingüísticos), el femenino y el masculino. El masculino, puede funcionar como género neutro, o sea que, al decir “todos” refiriéndose a una totalidad de sustantivos vivos, no se descarta de la inclusión femenina en el grupo dado. También existe lo que se llama “género epiceno”, en sustantivos que morfológicamente no admiten una distinción de géneros simplemente con un cambio de morfemas. Hay una discusión que se da en una gran diversidad de foros sobre la viabilidad de “todos y todas” y que se deriva invariablemente hacia el tema de la distinción de géneros en la lengua española. Algunos, socolor de una “economía lingüística” que la misma lógica de la lengua buscaría establecer, creen que no se debería permitir tal expresión, porque se caería en una redundancia; otros piensan que la expresión es admisible porque la lengua es polisémica y ambigua, por lo tanto la inclusión del femenino en muchos contextos no logra manifestarse claramente sino es expresando el correspondiente morfema genérico, llegando a “invisibilizar” a la mujer en el discurso. Uno puede perfectamente darse cuenta que es importante entender las palabras en el momento que las enuncian, porque su sentido se ve vulnerado por el contexto, y aquella discusión no aporta demasiado en este aspecto, dado que se discute el fenómeno léxico, gramático, y no su causa comunicacional. Convendría, por tanto, hablar ahora sobre ello, para seguir avanzando “niveladamente” sobre éste tema.
Todos y todas, según pude observar, es una expresión recurrente en los discursos políticos del kirchnerismo. Luego, se dilata hacia sectores políticos y sociales ideológica o políticamente a fines con ese bloque de poder, como también fracciones de oposición izquierdista y progresista[5]. Sin embargo, he percibido que no sólo hay determinados estratos sociales “enunciadores” de tal expresión, también se circunscribe regularmente en determinados géneros discursivos: en cartas, panfletos, folletines, discursos políticos de algunas movilizaciones sociales, en el género periodístico; géneros discursivos que les habla a auditorios amplios y que no precisan de una respuesta simultánea o dialogalmente. Todavía, en mi experiencia, no lo he escuchado con tal regularidad en conversaciones orales, ni siquiera en algunas personas que conozco militantes en “La Cámpora”[6], tampoco los que militan en otras corrientes progresistas e izquierda. Quiero decir, aún no se descartaría completamente, en el habla, la posibilidad del género masculino de incluir al femenino.
¿Por qué el término se encontraría en estos momentos circunscripto a tales géneros discursivos, y a tales enunciadores? ¿qué es, en definitiva, todos y todas? Algo que puede rescatarse de aquella discusión, es sobre la redundancia lingüística, que se le suele llamar “pleonasmo” como si fuese un vicio del habla, algo que debe evitarse. Ciertamente, el pleonasmo puede ser visto de otra manera, como una operación retórica que tiene efecto sobre la enunciación, que “embellece” o provoca un llamado de atención sobre el texto, el discurso. El Grupoµ[7] dice que la “figura” retórica, el tropos, es siempre percibido a partir de una “impertinencia”, y constituye el efecto poético del “texto”. Quizás esta perspectiva pueda comprender la situación enunciativa del término, entendiéndola como una figura retórica buscada y según la situación comunicacional, más que un accidente lingüístico involuntario.
Por último, ¿qué hay, entonces, de esa remisión a Cristina Fernández que logra el enunciado en cuestión? A mí parecer, a la par de ser un producto de la reiteración constante en su discurso, también habría que considerar la innegable y sostenida construcción de un ethos[8] que identifica al kirchnerismo como el “heredero legítimo” de “lo mejor” del  peronismo original: Eva Duarte y Juan Domingo Perón. El uso reiterado de todos y todas por este bloque y Cristina Fernández, a mi criterio, sino oculta, al menos parcializa, “eclipsa” una connotación original  (y hasta me atrevería decir, correcta), poniéndose como primer plano su figura, su cara, su voz.  ¿Cuál connotación original? Realmente, la expresión todos y todas tiene una historia (un uso, un significado) que precede incluso la asunción del primer mandato presidencial. No puedo indicar con certeza quién lo dijo por primera vez, pero al interiorizarme en la cuestión, me di cuenta que el movimiento feminista, con toda su heterogeneidad ideológica y metódica, que viene luchando por una reivindicación de derechos y un reconocimiento de igualdad, ha peleado también contra la simbología y las propiedades del lenguaje que perpetúan el pensamiento, la cultura, y por lo tanto, el “sistema machista”. Entonces, bien podría considerarse al feminismo como la cuna de tales expresiones “impertinentes” de la distinción de género. Pero, si se mira bien, ese efecto “eclipse” que la figura de nuestra Jefa de Estado realiza sobre la figura del movimiento feminista, no es tan disímil. Ella, es una mujer; recordemos la aproximación discursiva construida entre su imagen y la de Evita; recordemos que su ethos, además, es la de una líder que promete a su pueblo un cambio, en base a un modelo “nacional y popular”, con los valores de la “libertad y la igualdad”; y por último, su cargo jerárquico consiste, en última instancia, ser la representante de todo el pueblo argentino. No puede haber, en apariencia, una relación antagónica, chocante, entre la “connotación original”, y la actualizada. Es decir, hay entre la presidenta y el movimiento al menos discursivamente una cercanía; las condiciones están dadas para que se realice un sigiloso proceso metonímico sobre el significado secundario de todos y todas, pero también un corrimiento en la connotación política: a pesar de que los movimientos feministas (tal como otros movimientos sociales) lucharan por su reconocimiento en todo sentido, sus logros obtenidos en el campo serán más registrados como frutos de la voluntad y gestión gubernamental, del bloque de poder, como si estos, para implementar ciertas medidas retributivas  a la sociedad, no necesitaran del constante reclamo acosador de “las clases dominadas”.
El feminismo en el mundo ha exigido visibilizar y distinguir discursivamente (y socialmente) a la mujer; ha dicho todos y todas, una expresión donde la “y” relaciona, horizontal, a dos totalidades que se necesitan recíprocamente la una de la otra. Todos y todas no es en este caso sólo una figura retórica, sino un objetivo y una bandera; han logrado que la expresión se difundiese al menos en algunos sectores (gracias quizás a sus primeras articulaciones con el marxismo), y a lo mejor pueda más adelante, como si se tratase de una neolengua orwelliana pero positiva, progresista y sin otra directriz que la sociedad, propagarse no tanto la expresión sino su contenido, su sentido, por la médula ideológica del hombre y la mujer. Acá, en Argentina, quizás estén logrando su cometido, pero, en cambio, no se ven con facilidad sus esfuerzos; acá, Todos y todas significaría otra cosa: Cristina Fernández de Kirchner, la nueva Evita, Kirchnerismo, gobierno, modelo nacional y popular. Néstor. Y después, acaso, la reciprocidad de las totalidades, la bandera azul y rosa, y no la tradicional celeste rosado del sistema patriarcal.

Predmesnik Jesús

[1] En ningún ensayo puede faltar un epígrafe a nombre de Borges, o personas de igual o mayores luces, si se quiere mostrar una prueba “infalible” de la amplia erudición del escribiente; atributo que podrá verse desmentido a lo largo de este texto.
[2] Etimología: “todo” viene del latín totus. que viene de la raíz indoeuropea “teu- (hincharse, entumecer) Una “mezcla” de pronombres arcaicos latinos, siendo su homologo interrogativo quotus “qué cantidad?”, proveniente de una reduplicación del pronombre tus, ta, tum (ese, esa, eso) al igual que cuanto, tanto, de (quam - , tam – y –tus)
[3] Un ejemplo, su discurso de 1 de noviembre del 2010, en cadena nacional tras el fallecimiento de Néstor Kirchner, decía “...yo quería dedicar estos pocos y breves minutos para agradecer a todos y a todas, a todos los hombres y mujeres que se movilizaron, que quisieron verlo, que quisieron despedirlo, que rezaron por él...”
[4] La letra “k”, también, acaso, ha dejado de evocarme a "Kilo", “Karina”, y cada “k” que veo, es una invocación a Néstor Kirchner.
[5] Véase que, curiosamente, no estoy incluyendo a los sectores más conservadores de la sociedad como enunciador de la frase, y que la similitud entre el kirchnerismo y los sectores progresistas es más bien del aspecto ideológico, sino político. Entre el dicho y el hecho, está la ideología.
[6] Movimiento estudiantil de jóvenes kirchneristas.
[7] Grupo µ, en Retórica General.
[8] Podemos tomar la concepción aristotélica de ethos como el recurso retórico que se construye en el discurso y en su enunciación para causar una imagen del orador, capaz de convencer al auditorio ganando su confianza.

martes, 12 de febrero de 2013

Fotos tuyas




Mis ojos sacan fotos en cada momento que vivo, a falta de una cámara. Si digo, en cambio, que prefiero ver por mis propios ojos, y no por el rabillo de un dispositivo que también ve, no estaría yo haciendo ningún despacho contra el arte de la fotografía. Es una cuestión personal, a lo mejor me resulta más eficaz almacenar imágenes con mi vista hasta mi memoria, que pretender capturarlas, porque son aquellas que  las quiero para mí solamente. Y a vos, no te he sacado foto alguna y sin embargo, tengo un álbum llena de imágenes tuyas en mi cabeza… que podría usarlas como fotogramas y pegarlas una con otra, y convertir todo en un gran película mental… un documental retrato sobre vos, y de mí, llena de primeros planos cuando conversaba con vos sobre miles de temas, como qué connotación social arrojan las modas en el vestuario cotidiano, de sistemas y el rol de uno en ellos, hasta qué linda pinta la calle después de la lluvia, o de nuestro amor totalmente extraño, o también nuestras miradas encontradas e infinitas… travelings sobre tu caminar desde atrás, adelante o a la altura de tu hombro mientras cruzábamos las calles felices, tropezando con baldosas semilevantadas, de tu ciudad o la mía…  planos detalle en esas situaciones de besos de fuego y abrazos, detalles de tus ojos de marrón indeciso, tu estrella roja en el hombro, tu boca palpitante reclamando mi boca. Estas son mi colección favorita, porque me remiten también a otros sentidos por el extremo acercamiento con tu cuerpo moreno: mi tacto y tu piel tan suave,  el gigante disfrute del perfume a flores que te rodea… En fin, negra, tantas son las fotos que tengo de vos y nuestros más hermosos momentos (que son todos los momentos con vos), tantas son que a falta de espacio, las estuve hace rato guardando en mi cajón rojo latiente. No quiero perderlas, y por supuesto, siento que mi colección resulta todavía muy incompleta.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Celeste II - Primera Cita





-¿Qué querés tomar?-
-Mmm… no sé, pasáme el menú, por favor.-
Extiende su brazo a alcanzarle lo pedido, pero mirada inquisidora la del hombre…
-Okey… Así que necesitás de una carta, un menú para saber que querés tomar…-
Ojos bien abiertos de la mujer, sorprendida y como humillada… Pero el orgullo, sonriendo, encuentra siempre su justificación…
-No, Pedro. Hay que ver qué pueden ofrecernos… ¿no te parece?
-Uno entra a un café como este sabiendo previamente qué es lo que quiere… un café, y una charla, y los mozos no dan buenas charlas… sí buenos cafés, hacen. Lo otro, responsabilidad de nosotros.
-Bien, me convenciste- revolea con suavidad el menú hacia el lado del ventanal – ¡quiero un café, con 2 medialunas!
-Uf…qué fácil fue convencerte esta vez… quizás porque sólo se trata de un desayuno…
-¿A qué te referís?-
-¡Mozo!

***
Segundo café…
-¡Lo que me has hecho reír, hermoso! Decime, ¿Cómo estás de la espalda?
-¡Bien! gracias por preguntar, pensé que te habías olvidado. Falta poco para terminar la rehabilitación, como te das cuenta, ya puedo pararme y caminar, que es algo que no podía hacer hacía dos meses…
-¡No me olvidé! Quedé muy preocupada por tu accidente… ¿dónde fue?
-Pronto volveré a sacarle viruta a la pista. ¿Te acordás? Dónde fue, si te lo digo no me creerías…-Toma un sorbo de café- Fue ahí mismo, en esa esquina. –Ella gira la cabeza y abre su boca como un pez dorado. – Salía de tomar algo aquí mismo en esta mesa, con el Chueco… crucé en rojo, estaba ensimismado, y el tipo que me chocó, sí que era gracioso… ¡estaba más asustado él de que le metiera una denuncia, que yo estando al filo de la muerte!-
-Qué horror… y en qué andabas pensando, vos que eras tan meticuloso en cada paso que dabas… en algún amor, seguro…
-¿A vos te parece que me tengas que decir esto,  justo vos?...- Vacía la taza arrebatadamente, chilla el impacto de la taza y el platito. Ella atropellada vuelve a sobresaltarse, como de costumbre.
-Estás un poco alterado, Pedro… te noto raro…-
-Disculpame… es verdad...  Mirá, quiero que ya vayamos al grano. No es que sienta que estamos perdiendo el tiempo… Siempre sirve ponernos al día antes contando nuestras cosas; ya me has mencionado de tu vida, tu casamiento, tu luna de miel, tu mal llamada “nueva vida”, eso que querrás decir “nueva etapa”…  Tu salud espléndida, tus proyectos… nos hemos reído por suerte de algunas cosas, anécdotas… Sirvió todo esta introducción, más si hace casi dos décadas que no sabíamos nada del uno del otro. Pero justamente por esta distancia es que yo pienso que vos no me citaste acá para tomar un café solamente con un ya desconocido con cara familiar… justamente en este momento que tenés que atender tus deberes y obligaciones de esposa… Disculpame que sea tan directo… ¿pero cuál fue tu idea, tu deseo, el que te trajo a este aquí ahora?-
Los dedos de ella comenzaron a zapatear sobre la mesa. Sus ojos hacían que leía las letras invertidas del  vidrio.
-Simplemente por pura curiosidad, quería saber qué va tu vida. Me agarró algo de nostalgia. Pero bueno, nada más. Me tengo que ir…-Agarra su cartera negra, cuero caliente por el Sol intruso de las tres y media. Él se recuesta en el respaldo, mirada de serpiente serena.  No dice nada… Deja que se vaya, que suelte el Adiós sin beso de cualquier conversación… Él se ve con ella saliendo del Café, le abre caballerosamente la puerta para que salga, sonriendo y ella le devuelve un hoyuelo y sus dientes, y un perfume que jamás pudo olvidar. Pero está ahí sentado, señalando al mozo que traiga la cuenta. 

***

Ya en el taxi, pensaba del brillo extraño de sus ojos cuando él le resumía con gracia su vida…  de esos dedos nerviosos en la mesa del café… de los párpados caídos cuando mencionaba a Tomás…  de su cuello que invitaba a morderlo…  de las ganas de cometer pecado y olvidarse también de todo ese pasado que nunca existió entre ellos dos.  Pero pensó también, sobretodo, en ese beso no dado después del adiós…  y en ello, todo lo que Celeste con seguridad calló para sí. 


Primera parte: http://otroeslabonmas.blogspot.com.ar/2011/11/celeste.html


Jesús Predmesnik
Teoría del IceBerg Hemingwayiano
en épocas de calentamiento global