viernes, 17 de mayo de 2013

Justicia y muerte simbólica



Se ha hablado mucho de que la Justicia le llegó muy tarde a uno de los criminales más siniestros de la historia argentina. Que fue una condena simbólica, una gran perpetua que se sabía no iba a poder cumplir porque ya estaba demasiado viejo para ser penado y más para arrepentirse, y se murió al año después, hoy. Claro que habría sido peor que no le llegase nunca. Todo fue para demostrar al menos que la Justicia anda al mínimo, pero anda.

Se murió, es un hecho, en la prisión de Marcos Paz. Pero ojalá muera con él, no la memoria de los argentinos, tampoco las esperanzas con la Justicia que a veces bastante llega muy tarde. Ojalá que junto a su muerte, se vayan muchas otras cosas más, esas que le dieron poder a un régimen pasado que hoy lamentamos. Y que todavía, veo, persisten como esquirlas, cómo gérmenes en muchas almas y discursos argentinos; ojalá que la muerte de Videla signifique para todos nosotros, el principio del fin de ese facho que todos tenemos dentro.

Es una metonimia peligrosa, decir que Videla nos llevó a la ruina, que hizo desaparecer a treinta mil desaparecidos. Detrás, y delante de él, hubo todo un aparato orgánico de represión genocida, que llevó a cabo la destrucción de la sociedad argentina en todos sus flancos, vació al país y entregó la suerte de toda una nación a las especulaciones financieras con sus políticas de desregulación, que secuestró, torturó, hizo sufrir en carne, y saqueó  miles de vidas. La “Guerra Sucia”. Si no vamos a olvidar, no olvidemos este dato. Videla no fue otra cosa que una representación dirigente de ese aparato, que funcionó gracias a un consenso generalizado. La ideología fascista, racista, homofóbica, cipaya y genocida de Videla, fue la ideología dominante del aparato, del gobierno instaurado, del apoyo cívico-corporativo, de los gobiernos de la región Latinoamericana y los centrales de la economía mundial (Plan Cóndor)

Es demasiado fácil despertar en uno retazos de ideología fascista y genocida en uno mismo, uno tan cristiano o tan de izquierda o tan despolitizado. Basta con el odio y una pizca de intolerancia. No importa que sea fundada en hechos o en mentira. La mente humana cae y se eleva siempre en generalizaciones: así se crean las ciencias y las opiniones. Prestemos atención de aquí en más todo lo que decimos, todo lo que se nos puede escapar. “Escapar” digo, es que tengo esa ingenua esperanza que uno muchas veces no habla por uno, sino que es parlante de otro locutor, de ese bicho facho que tenemos dentro, que nos introdujeron desde la cultura y que hay que extirpar de una vez por todas. Ideas como que los inmigrantes vienen a saquearnos el trabajo, que la gente "puobre" es peligrosa, que hay que matarlos a todos, que los gays son gente enferma que hay que curar, que hoy 17 de mayo debería ser el día del hijo de puta. Murió Videla, el que nunca se arrepintió de lo que hizo, y ojalá su tumba sea un agujero negro que se trague todo lo que le dió vida ideológica a ese aparato matageneraciones que dirigió y puso en marcha, ojalá que se vaya con él la mierda que todavía queda dentro de nosotros mismos.

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