Se ha hablado mucho de que la Justicia
le llegó muy tarde a uno de los criminales más siniestros de la historia
argentina. Que fue una condena simbólica, una gran perpetua que se sabía no iba
a poder cumplir porque ya estaba demasiado viejo para ser penado y más para
arrepentirse, y se murió al año después, hoy. Claro que habría sido peor que no
le llegase nunca. Todo fue para demostrar al menos que la Justicia anda al
mínimo, pero anda.
Se murió, es un hecho, en la prisión de
Marcos Paz. Pero ojalá muera con él, no la memoria de los argentinos, tampoco
las esperanzas con la Justicia que a veces bastante llega muy tarde. Ojalá que
junto a su muerte, se vayan muchas otras cosas más, esas que le dieron poder a
un régimen pasado que hoy lamentamos. Y que todavía, veo, persisten como esquirlas,
cómo gérmenes en muchas almas y discursos argentinos; ojalá que la muerte de
Videla signifique para todos nosotros, el principio del fin de ese facho que
todos tenemos dentro.
Es una metonimia peligrosa, decir que
Videla nos llevó a la ruina, que hizo desaparecer a treinta mil desaparecidos.
Detrás, y delante de él, hubo todo un aparato orgánico de represión genocida, que
llevó a cabo la destrucción de la sociedad argentina en todos sus flancos, vació
al país y entregó la suerte de toda una nación a las especulaciones financieras
con sus políticas de desregulación, que secuestró, torturó, hizo sufrir en
carne, y saqueó miles de vidas. La “Guerra
Sucia”. Si no vamos a olvidar, no olvidemos este dato. Videla no fue otra cosa
que una representación dirigente de ese aparato, que funcionó gracias a un consenso
generalizado. La ideología fascista, racista, homofóbica, cipaya y genocida de
Videla, fue la ideología dominante del aparato, del gobierno instaurado, del
apoyo cívico-corporativo, de los gobiernos de la región Latinoamericana y los centrales
de la economía mundial (Plan Cóndor)
Es demasiado fácil despertar en uno retazos
de ideología fascista y genocida en uno mismo, uno tan cristiano o tan de
izquierda o tan despolitizado. Basta con el odio y una pizca de intolerancia.
No importa que sea fundada en hechos o en mentira. La mente humana cae y se
eleva siempre en generalizaciones: así se crean las ciencias y las opiniones. Prestemos
atención de aquí en más todo lo que decimos, todo lo que se nos puede escapar.
“Escapar” digo, es que tengo esa ingenua esperanza que uno muchas veces no
habla por uno, sino que es parlante de otro locutor, de ese bicho facho que
tenemos dentro, que nos introdujeron desde la cultura y que hay que extirpar de
una vez por todas. Ideas como que los inmigrantes vienen a
saquearnos el trabajo, que la gente "puobre" es peligrosa, que hay que matarlos a todos, que los gays son gente
enferma que hay que curar, que hoy 17 de mayo debería ser el día del hijo de puta. Murió
Videla, el que nunca se arrepintió de lo que hizo, y ojalá su tumba sea un agujero negro que se trague todo lo que le dió vida ideológica a ese aparato matageneraciones que dirigió y puso en marcha, ojalá que se vaya
con él la mierda que todavía queda dentro de nosotros mismos.
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