viernes, 24 de mayo de 2013

Juramento



Te extraño. Sé que vas a venir a verme de nuevo, pronto, pero te extraño. Veo todo oscuro, a veces tengo miedo, hace mucho que no me sentía así. Este calor en los ojos, y el frío en todo mi resto. Duele, duele demasiado. Juro que si hubiese una manera de frenar este espasmo en el alma, que duele mucho, muchísimo, porque no es un dolor físico, localizado y agudo, “ay!¡me duele acá doctor!”, no, es un dolor completamente distinto, se siente dentro por todos lados, y fuera de la piel. Se ve, ¡se siente todo que duele!, se oye quejumbrosa la vida, que todo se rompe y se destiñe, como la sonrisa de cualquier hombre que se va enderezando por el peso del tiempo. Como mi sonrisa, justo antes de conocerte, que después de conocerte, antes que mi sonrisa se eternice en una llanura impasible, de viejo fracaso a los veinte y monedas de vida, y empiece entonces como una copia porteña mala de Medusa a volver cemento todo lo que toco, mi sonrisa cuando te conocí se volvió a retorcer elásticamente, ¡así nomás! como esos firuletes aflorados estampados en tapas de discos tangueros, ¡nunca me acuerdo como se llaman! Pero las cosas empezaban a cambiar entonces, al conocerte, de pronto, las palpitaciones en la boca, mis labios como limadura metálica, atraídas hacia tu sonrisa tan parecida a la mía, tan retorcida –en el buen sentido- como la mía, y cómo lamía toda tu boquita, como si fuera un perro generoso y fiel que recibe a su amo cansado… yo el perro, vos mi ama. Pero hasta ahí la metáfora, porque primero que no tengo tanto pelo, segundo, que no me ponés correa, no siento que el amor que me das solo es dos comidas al día, una sacada de paseo, y que en mi cabecita “canina” pequeña pesara toda una educación castrense corte “Sit! Up! Cucha perro!”. Si hay que definir nuestro amor, tampoco lo haría porque no se me canta ahora definirla, es laborioso hacerlo además. Y eso es lo precioso de nuestra relación, que no sea ordinaria, más allá de que tengo que esperar un poco por volverte a ver.  Lo único, lo divertido y lo gracioso, lo gracioso y paradójico de que parecía que todo, todo, todo se iba de un momento a otro irse a la reverenda mierda, nuestras esperanzas, nuestra Fe en el ser humano en general, y en uno mismo en particular, pensar mi amor que íbamos camino hacia una locura atroz y perenne, irrevertible… esa que muchos llaman “cordura”. Y todo esto sin al menos conocernos. Cómo agradezco que me hayas salvado de inmolar mis propios valores y todo lo que sostenía, y gracias por permitirte salvarte a vos, vas a ver que todo saldrá como corresponde, somos destinados. Algo bueno tiene que haber en este mundo, lo vimos y lo sentimos en ese abrazo que casi nos quebramos la cadera, dolor plácido, o esas miradas silenciosas en la oscuridad de un cuarto desordenado, que titilaban mis pupilas, te acordás.  Y somos parte de ese algo bueno, y ahora me agarra el señor orgullo… mirá, si el orgullo fuera pecado, mi vida, debo tener reservado mil acres de sufrimiento en el infierno. Te acordás del infierno, ¿ese lugar antes de conocernos? Y el restorán Los Infernales, donde nos conocimos, que tomamos un tinto riquísimo para empujar el filete… ¡Fileteado! Recién me acuerdo! “fileteado” se le dice a los firuletes que te dije, los de tapa de disco tangueros. Bueno, -Te extraño- te diste cuenta, ¿no? cómo con un poco de inspiración y creatividad dimos vuelta todas las cosas, las subvertimos de color, le dimos textura y humedad deliciosa a una noche que era tan parecida por la negrura terrible a esas noches que andábamos solos, sentidos pequeños, lejos nuestros cuerpos, con las mismas viejas estrellas, la misma oscuridad en las esquinas, la misma solemnidad. Era cuestión de acercar nuestros cuerpos, todo gracias a suerte y destino, que se pusieron de acuerdo, y no hubo falta ni que el país cambie de nombre ni gobierno todavía, ni renovar las estrellas por otras más nuevas, ni barrer las calles de una ciudad un poquito descuidada hay que decirlo. Te diste cuenta, que con una caricia, un besito, y todavía un “te quiero” implícito en el aire, le dimos todo otro sentido, como si realmente fuera otro mundo de otro sistema. Y en la medida que va pasando el tiempo, va creciendo y evolucionando lo nuestro a una velocidad que ya no asusta, nos acostumbramos rápidamente. Todo es tan natural con vos, el poder que brota manantialmente, mi vida, en esa unión, me hace sentir tan feliz. Aunque estés lejos, puedo decir que estoy feliz, ahora lo estoy diciendo, y yo no digo cosas así tan cursis y graves a la vez, así como así. Aunque estés lejos sé que vas a venir, o yo iré a vos, el orden no importa, estamos destinados.
Como te decía, juro que si hubiese una manera, una manera… ¿una manera de qué?

viernes, 17 de mayo de 2013

Justicia y muerte simbólica



Se ha hablado mucho de que la Justicia le llegó muy tarde a uno de los criminales más siniestros de la historia argentina. Que fue una condena simbólica, una gran perpetua que se sabía no iba a poder cumplir porque ya estaba demasiado viejo para ser penado y más para arrepentirse, y se murió al año después, hoy. Claro que habría sido peor que no le llegase nunca. Todo fue para demostrar al menos que la Justicia anda al mínimo, pero anda.

Se murió, es un hecho, en la prisión de Marcos Paz. Pero ojalá muera con él, no la memoria de los argentinos, tampoco las esperanzas con la Justicia que a veces bastante llega muy tarde. Ojalá que junto a su muerte, se vayan muchas otras cosas más, esas que le dieron poder a un régimen pasado que hoy lamentamos. Y que todavía, veo, persisten como esquirlas, cómo gérmenes en muchas almas y discursos argentinos; ojalá que la muerte de Videla signifique para todos nosotros, el principio del fin de ese facho que todos tenemos dentro.

Es una metonimia peligrosa, decir que Videla nos llevó a la ruina, que hizo desaparecer a treinta mil desaparecidos. Detrás, y delante de él, hubo todo un aparato orgánico de represión genocida, que llevó a cabo la destrucción de la sociedad argentina en todos sus flancos, vació al país y entregó la suerte de toda una nación a las especulaciones financieras con sus políticas de desregulación, que secuestró, torturó, hizo sufrir en carne, y saqueó  miles de vidas. La “Guerra Sucia”. Si no vamos a olvidar, no olvidemos este dato. Videla no fue otra cosa que una representación dirigente de ese aparato, que funcionó gracias a un consenso generalizado. La ideología fascista, racista, homofóbica, cipaya y genocida de Videla, fue la ideología dominante del aparato, del gobierno instaurado, del apoyo cívico-corporativo, de los gobiernos de la región Latinoamericana y los centrales de la economía mundial (Plan Cóndor)

Es demasiado fácil despertar en uno retazos de ideología fascista y genocida en uno mismo, uno tan cristiano o tan de izquierda o tan despolitizado. Basta con el odio y una pizca de intolerancia. No importa que sea fundada en hechos o en mentira. La mente humana cae y se eleva siempre en generalizaciones: así se crean las ciencias y las opiniones. Prestemos atención de aquí en más todo lo que decimos, todo lo que se nos puede escapar. “Escapar” digo, es que tengo esa ingenua esperanza que uno muchas veces no habla por uno, sino que es parlante de otro locutor, de ese bicho facho que tenemos dentro, que nos introdujeron desde la cultura y que hay que extirpar de una vez por todas. Ideas como que los inmigrantes vienen a saquearnos el trabajo, que la gente "puobre" es peligrosa, que hay que matarlos a todos, que los gays son gente enferma que hay que curar, que hoy 17 de mayo debería ser el día del hijo de puta. Murió Videla, el que nunca se arrepintió de lo que hizo, y ojalá su tumba sea un agujero negro que se trague todo lo que le dió vida ideológica a ese aparato matageneraciones que dirigió y puso en marcha, ojalá que se vaya con él la mierda que todavía queda dentro de nosotros mismos.