domingo, 6 de mayo de 2012

Subestéreo



Cuando se sube las escaleras del subte, hay que apuntalar siempre hacia la derecha. Nosotros los estéreos sabemos de esta costumbre, pero andá a decírselo a los monos. No vas a ver a ningún estéreo romper esta máxima que si bien no está explícitamente indicada en ninguna pared de la estación, ni en los zócalos de la propia escalera, ¡vamos! es sentido común, deducible hasta para un nene con dientes de leche. Pero los monos no entienden de cómo son las cosas. Ni las cosas más fáciles, más intuitivas, como por ejemplo esto, que se debería apuntalar hacia la derecha al subir. 

¿Que “por qué” a la derecha y no por el medio, o la izquierda? Me extraña que preguntes esto. ¿No serás vos un...? No, no. ¿Qué hace sino un mono leyendo a un estéreo? Sería absurdo.
            Bueno, respondiendo a tu pregunta. Primero, como se sabe, para todo, hasta para el “desorden” hay que tener una cuota de orden. Y en este caso el orden es para formar un doble canal, o sentido, o “carril”, como quieran decirle. Yo preferiría definirlas como espacios: uno para los que salen de la estación, otro para los que entran. Ahora bien, si no está explícito en cartel alguno esta necesidad de orden, ¿como se conforma el consenso entre los que salen y los que entran? El carácter efímero de la problemática y la necesidad de agilizar el trámite, requiere de un consenso también rápido, ya no tan democrático, sino más bien intuitivo e improvisado. Uno debe decidir sobre el otro; el poder de decisión no es compartido, pero se legitima apelando a la urgencia. ¿Quién tiene más urgencia, los que suben o los que bajan? ¡Por supuesto los que suben! Porque subir es finalizar el viaje, llegar a destino: los que bajan, recién comienzan el viaje. Aquellos entonces  tienen más derecho que éstos a la hora de decidir a marcar el primer paso. Todos los estéreos sabemos esto, y coincidentemente casi todos los estéreos escribimos con la diestra. Nuestra intuición está entonces sincronizada socialmente y las cosas así marchan bien.

Los estéreos que escriben con la mano izquierda no son problema, porque esencialmente son estéreos. A veces en medio del camino tienen un momento de duda, no saben por donde ir, si hacia la derecha o la izquierda, pero se resuelven por sí solos. El problema son los monos, que si bien gracias a Dios son muy pocos, sí son suficientes para estropearnos el día con su torpeza, su desfachatez natural. Por momentos dan la impresión que no son tontos, que parecieran en cambio estar dotados de un sentido del humor bastante malicioso, que tienen simplemente ganas de jorobar. Cuando suben, van por la izquierda, y cuando bajan, también. Los monos son contreras solamente para ver qué pasa cuando infringen las normas, las reglas, el sentido común. Quieren ver qué pasa, porque no lo saben, algo que los estéreos sí sabemos. A pesar del intento, el mar no se va a contaminar por una gotita de barro.

Jesús Predmesnik